Yo me equivoco, y aprendo a mirar.
Quererme no es aplaudirme sin final.
Es enfrentarme al espejo y hablar.
Decir la verdad, aunque duela mal.
Contigo no digo lo que quieres oír.
Sino lo que tu alma necesita escuchar.
Aunque duela, aunque te haga sufrir.
Mi querer te empuja, te hace volar.
No busco quedar bien, ni fingir.
Quiero verte crecer, despertar.
Como el fuego que quema al latir,
Para que un árbol fuerte pueda brotar.
El que quiere no calla, no se va.
Te confronta, te sacude, te sostiene.
Porque tu esencia valiosa es ya.
Y dejarte apagada mi querer detiene.
Prefiero sostenerte con firmeza,
Aunque tiemble tu rabia y tu voz.
Antes que sonreír con sutileza,
Solo por evitar un choque atroz.
El querer maduro no es fácil ni suave.
Es abrazo, palabra, fuego y verdad.
Es estar contigo cuando el mundo te lave,
Y no soltarte en ninguna adversidad.
No quiero comodidad, ni engaños, ni luz falsa.
Quiero verdad que hiera y que cure al volar.
Quiero tus alas libres, tu alma no en balas.
Y que juntos podamos siempre levantar.
Si te quiero, no miento, no callo.
Te guío con fuerza aunque duela el hallo.
Porque el que quiere así no se conforma,
El que sostiene tu alma y tu forma.
Ese es mi querer, sin miedo ni cadenas.
El que confronta, sacude y acompaña.
El que te levanta de todas tus penas.
El que no te suelta, el que nunca se extraña.
